Pueblo inyectado
Desde la aspereza
sabrás diseñar reacciones asombrosas.
Estás oculto, como nosotros,
en soledades
en busca de primos y mitigación.
Cada maniobra del Presentable
fortalece al que escarba por salir.
Allí dentro, playa donde alimenta su precipitación,
se omnipresenta, esquiva cada balbuceo
esgrimido contra su poder inyectado,
provee de armamento
a quienes vienen a matarlo y arroja
su pechera a las aguas, soberbio.
Desprovisto de metales, se planta
hiperbólico, dispuesto a cegar.
Quienes se detienen
ante los cristales de ensueño
no verán jamás el destello
que brota calcinante
desde el centro de la sola bestia
que cela los futuros,
que fulmina la mirada que la parió.
De modo que renazca.
El veneno de la serpiente puede entrar
de dos maneras al cuerpo agredido.
Cómo no sé.
Aún no hay camino.
Bajensé, ordenan desde las profundidades.
Vigorizante inyección tiñe la siesta.
Florecen ceibos viriles y en cada corola,
duermen machos drogados por las uvas.
Pueblo bañado en oro, por cada colapso renace.
En un brote de líquidos se afirma el mañana,
extenso ante las bocas como una planta.
Entibiados todos en sus casas,
hay ventanas que se abren al eclipse,
y sin abandonar ningún calor,
las hornallas de los apóstoles multiplicados,
óptimos falsificadores de efervescencia,
menstruan fuego verde.
Ellos notan el tinte que ha tomado la verdad,
arman un bolso y se van de campamento final.
El pueblo se infesta de fanáticos,
hay baile y gaseosas.
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