Origen de un río
La vida en que quisimos ser música
Pop life, jirones de memoria
Recapitulación
Esto no puede tener principio,
porque dónde inicia una vorágine
que te arrastra de música en música,
como llevado por fuerzas extrañas,
siempre amigas, siempre latentes?
Acaso puede ser principio una primera chispa de memoria?
Un primer recuerdo, primer mojón como inicio de un camino?
Alguien ha visto el origen de un río?
Hubo siempre un latido allí
un oído atento a la radio
a la data pescada en revistas
(Rock & Pop, 13/20, en la preadolescencia pop,
Metal Hammer, Madhouse, en la adolescencia metalera)
en programas de tv sueltos por ahí
(las barbas de Pettinatto en su Estación Musical de 1987,
Exclusivo & Simultaneo, programa santafesino de videoclips)
el intercambio de cassettes
los nombres de canciones sobrevolando los días
Cono sin tí, escuché decir en el recreo de la escuela,
(tal vez influenciado por la clase de geometría)
cono sin tí, qué será eso
y tras desvelos vespertinos
volver de la disquería con el Joshua Tree flamante
directo al grabador BGH
Where the streets have no name
hasta llegar a With or without you
Con o sin tí, así traducía el cassette develando el enigma
7mo grado, podemos llevar música a Alta Gracia!
Por eso yo no voy en tren, voy en avión
no necesito a nadie, a nadie alrededor!
Pero no el de Charly García (Parte de la religión)
en una estrofa dice “algunos piensan que soy mixto”
los curas no aprobaban eso, escucharon el cassette?
Escucharon el tema Parte de la religión? Matar, mentir?
Estás buscando un porro de papá?
Todo el mundo quiere éxtasis?
No tengo nada nada nada nada nada que jalar?
O sea: Charly tirando toda la carne al asador!
Para mis doce años, eso era carne de otro mundo...
Hubo que comprarlo, por supuesto
ella adivinó, ella solo solo adivinó
Como también el Noche y Día de Porchetto.
Tiene el cassette que tiene la canción Bailando en las veredas?
Algo así preguntaba en la disquería, desde mi timidez tartamudeada de 11 años.
Tu eres la Voz, se oye por ahí que dice el Berna
pues aquí llego a mi casa con el cassette de John Farnham (Susurrante Jack)
recién venido de la Número 1 disquería, en la peatonal
Solía enamorarme del álbum completo,
por más que algunos fuesen considerados one hit album,
como el del australiano Farnham, e incluso el de Porchetto.
La balada Touch of Paradise de Farnham, por ejemplo,
me envolvía en un ensueño maravilloso,
ese idilio musical que se expande en el pecho de un niño,
acostado en su cama, con los ojos cerrados, sólo escuchando,
imaginando paraísos, mientras la cinta corre sobre el cabezal.
El pecho sintiendo una especie de vacío
como un insondable paisaje marítimo,
metafísico pero colmado, lleno de ese vacío que produce la música
un vacío perfecto para volcar todo el espacio onírico en una vigilia sutil
una ondulación es la escucha, un toque de paraíso
aunque lo que suene sea Cold dresses, de Al Corley
Dale, Cristian, yo te presto el Joshua
(¡escuchá la batería de Bullet the blue sky!)
vos me prestás el Sueño de las Tortugas Azules
free free set them free
el sonido plástico de las cajas de cassettes,
y ah qué maravilla cuando vienen las letras
se despliega la magia, la poesía, el acceso
a nuevos lenguajes
a comprensiones más profundas
Tata, me comprás un disco para escuchar en tu tocadiscos?
La banda se llama Europe (data pescada en la escuela primaria también)
El himno escandinavo: la última cuenta regresiva
Rock night rock the night!
Y a derretirse con Carrie… Can't you see it in my eyes...
Mi tío abuelo Osías (le apodábamos Chichín) escuchaba en el Winco sus discos de folklore, Los Chalchaleros, Los Hermanos Cuestas, el Chango Nieto, la misa criolla de Ariel Ramírez era la que más me gustaba escuchar. También había algo de jazz (Duke Elligton, Glenn Miller y su serenata a la luz de la luna) y música clásica. Pero puede uno imaginar ahora el contraste al aparecer el flamante The Final Countdown, con su portada espacial (espejos con los rostros de los Europe con sus fantásticos peinados ascendiendo en remolinos desde planeta Tierra hacia el espacio exterior) y empezar a girar bajo la púa dando paso a la intro pomposa y luego a un hard rock tecladoso y sueco. Y giraba cada vez que los visitaba.
Pero también: de dónde sale un vinilo de Pimpinela? Y asistir a peleas de pareja orquestadas en plan pop, a dos voces. Era el disco Convivencia de 1984. Venía con un sobre interior con las letras de las canciones, que con mi hermano interpretábamos mirándonos en un espejo enorme que había en el living de la casa de mi tía abuela la Tata; él, menor, con voz más aguda hacía de Lucía y yo, tres años mayor, de Joaquín, aunque yo me sabía muy bien las dos partes. Habrá sido, con seguridad, un número muy cómico. Ahora decide anda vamos habla dime…
De dónde sale un cassette de Perales, de Wando?
Un compilado de los Beatles grabado en un TDK gris?
El Tina Live del 87? (Con su versión soulera de Help de los Beatles, Proud Mary de los Creedence).
De dónde salen si mis padres no escuchan música?
Vienen a mí por obra de duendes? Alguna magia opera a mi alrededor haciendo brotar música grabada?
De dónde provino el azulado En un Círculo Cuadrado de Stevie Wonder? El Off the Wall de Michael?
Y el Himno de mi Corazón de Los Abuelos de la Nada? Ciudad Catrúnica de las Viudas?
Algo hacía aparecer cassettes en mi casa, en mi vida. Recuerdo haber comprado algunos pero no todos, y mis padres juran no haber entrado nunca en una disquería.
Y no olvidar los maravillosos compilados, gran fuente de información y deleite diverso: 17 top hits, 17 top lentos, Llena tu cabeza de rock! I love music, Dancing club, Vibraciones 88, Sol & Rock! Donde podías escuchar desde Bryan Ferry a Whitesnake, desde Cyndi Lauper a Quiet Riot, desde Culture Club a Madness, a Simple Minds, OMD, a Bowie, Diana Ross, Bruce Springteen bailando en la oscuridad, Crowded House, Chris de Burg, Duran Duran y los nacionales: La muralla verde, David Lebon con Puedo sentirlo, María Rosa Yorio cantando Sé que tu amor es como el agua que calma mi sed, Cosméticos, Los Argentinos, Sobrecarga, la belleza de Imágenes Paganas de Virus, Charly hablando a tu corazón en plan synth pop, las visiones apocalípticas de Prófugos.
Casi todos los recuerdos se perciben como nubes-pantallas donde se desarrolla una escena vaga, borrosa, apenas sostenida por jirones de memoria y saborizada por algún residuo emocional. Así es como recuerdo la primera vez que escuché In between days, de The Cure, sin saber qué estaba escuchando pero absolutamente llevado por esos sintes, esas melodías agridulces sobre un ritmo deslizado y sencillo, yo de pie en un garage de una casa de barrio Guadalupe, invitado a un baile hogareño en el que sólo conocía a la anfitriona, una niña que había conocido en las vacaciones en el mar. Sensación de soledad, en medio de niños y niñas desconocidas, y Robert Smith describiéndolo todo a la perfección.
Hasta los 12 años usé para reproducir los cassettes el viejo pasacassettes BGH con la botonera enorme. En 1988 empecé la secundaria y mis padres me regalaron un minicomponente Fisher, en su nueva edición de doble cassettera con copiado rápido y bafles desmontables, un instrumento que expandió las posibilidades de obtener y escuchar música. Junto con la compra de cassettes vírgenes TDK en los localcitos cercanos a la Terminal de Colectivos, empezó una intensa etapa de grabar, de la radio y de cassettes prestados.
Descubrir que tapando con cinta scotch o un papelito los agujeritos en el canto superior de los cassettes, se podía sobregrabar en ellos. Tal vez al ver que los cassettes vírgenes ya venían con los agujeritos tapados y los originales no, uno caía en la cuenta de cómo se habilitaba la posibilidad de hacerlo. Hubo sacrificios.
La pesca radial: por un lado, si el locutor no anunciaba el tema previamente, había que prestar un oído muy atento al inicio de la canción para identificarla al instante y apretar el botón rojo del rec. Luego rogar que el locutor no hable sobre el tema, o a veces, comenzar la grabación después de las palabras perdiendo así la intro. O presionar el botón rojo de rec antes de que empiece el tema, en una pesca a ciegas, sin saber lo que vendría. Y escuchar, siempre escuchar, estar ahí, junto a la radio, los programas de la tarde, de la noche, estar ahí, oyente, con paciencia de pescador.
El dedo pronto en el rec. Canciones que recuerdo haber pescado en la radio: Englishman in New York de Sting, Joe Le Taxi de Vanessa Paradis, las de Rick Astley y de Erasure, el Batdance de Prince, Domino Dancing de los Pet Shop Boys, Tomorrow People de Ziggy Marley, Got my mind set on you de George Harrison.
Videos que recuerdo claramente haber visto en la tv entre 1987 y 1988 (puede ser en los programas Música Total, Estación Musical o Exclusivo & Simultáneo): Take on me de A-ha, Buffalo Stance de Neneh Cherry, Living in a box de Living in a box (canción que volví a encontrar recién con la existencia de internet).
Recuerdo haber ido a la casa de la socia de mi madre en La Tatenguita y descubrir que sus hijos, unos años mayores que yo, poseían una frondosa casseteca, de la que obtuve buenos préstamos. Los que recuerdo: True Blue de Madonna, el Invisible Touch de Genesis y uno de Ashford & Simpson, un dúo de soul de los 80s, el disco era Solid.
En enero de 1989 fuimos de vacaciones a las playas de Capao de Canoa, Brasil. En ese viaje compré en un puesto callejero dos cassettes: un compilado de pop internacional que se llamaba Bebé a Bordo (traía Elton John, Inxs, Depeche Mode, Housemartins, Hall & Oates, The Temptations, entre otros, y cerraba el lado B con Electrica Salsa de OFF) y el Coming back hard again de los Fat Boys, que arrancaba con su versión rapeada del Twist de Chubby Checker y tenía un tema donde hablaba Freddy Krueger, Are you ready for Freddy? Me encantaba la tapa con los tres gorditos con camperas de cuero con apliques de tenedores en los hombros. Era la primera vez que escuchaba beatboxing, en el tema Powerlord.
La ventana de los Vanlacke brothers. A la vuelta de casa, sobre calle Salta entre Urquiza y Francia, se subía la persiana de su dormitorio, que daba a la vereda, y los parlantes disparaban vinilos y cassettes. Sonaba Marillion, Quireboys...
El Diego Romano, otro amigo del barrio, vivía al lado de los Vanlacke, tenía una bandeja para vinilos y se compraba buenos álbumes, en la época del hair glam rock. Recuerdo el Dr Feelgood de los Mötley Crüe con la portada de azulejos verdes, el Slip of the tongue de Whitesnake con la participación estelar del astro de la guitarra Steve Vai, el New Jersey de Bon Jovi, el Appetite for destruction. Yo estaba tan encantado con el disco de Whitesnake que tuve que grafitear WS en la pared de una casa cercana. La balada Sailing ships me llevaba lejos...
Sábado Taquilla. 1989-1990-1991. Cuando llegó a la ciudad el servicio de Cablevideo, se abrieron a nuestro ocio y consumo, numerosos canales de televisión. Desde la televisión chilena nos llegaba los sábados a la tarde un ranking musical con un gran abanico de estilos. Allí veíamos videos de Roxette, Bon Jovi, Guns n Roses, Poison, Aerosmith, Depeche Mode, Madonna, Milli Vanilli, New Kids On The Block, Paula Abdul, Los Prisioneros, Soda Stereo, Tears for Fears, Technotronic, Richard Marx, Phil Collins, Michael Jackson. Así se expandía la cultura del videoclip por estos lares. Y en casa la cosa era sentarse sobre la mesa frente al televisor, con una chocolatada fría, a disfrutar de los vaivenes del ranking. Qué placer cuando entraba un tema nuevo en el puesto 20.
Horno para calentar los mares. Villa Gesell, enero 1994. Yo tenía 18 años, mi hermano 15. Yo había visto a los Illya Kuryaki and the Valderramas en un programa de televisión tocando Uritorco y quedé impactado. Cuando ví el cassette de tapa amarilla furiosa vibrando ante mis ojos en una disquería de Gesell, lo compré y nos instalamos con mi hermano en el Renault 12 de mi padre. El stereo absorbió el cassette y la locura comenzó. Amor malvón! Visión febril! Creo que esa ceremonia dentro del auto tuvo gran impacto en mi hermano, ya que luego armó una banda con claras influencias IKV.
Ponchi. Sus bandas de cabecera eran Pink Floyd y Serú Girán. Al terminar la secundaria se fue a la ciudad de Córdoba a estudiar Diseño Industrial. Se hospedaba en la casa de su hermano mayor, donde aprendió, entre otras cosas, versiones de clásicos del rock & pop, con la letra castellanizada y cambiada, con temáticas sexuales, muy de estudiantes en peñas con mucho vino barato escanciado. Recuerdo una versión de Baby I can hold you, de Tracy Chapman, que no reproduciremos. Cada tantos meses, Ponchi volvía a Santa Fe con novedades musicales en cassettes grabados. Hubo un cassette que fue importante porque abrió puertas hacia nuevas dimensiones: de un lado tenía una selección de temas del Trance Zomba de Babasónicos, y del otro, una selección de temas del San Cipriano de Los Brujos. El nuevo rock argentino empezaba a expandir sus alas.
Nuevo rock argentino en el anfiteatro del Parque del Sur.
Del show de Butumbaba recuerdo a Peluca (cantante de Tortuga Renga) entrando como invitado en un tema, saltando como una langosta en el escenario. Tocaron Carneviva, Massacre, Peligrosos Gorriones, Los Brujos e Illya Kuryaky and the Valderramas. A Peligrosos Gorriones no la conocía y fue la banda que más me gustó. El cantante con pantalones cortos y medias de fútbol hasta las rodillas, cantando un poco con sueño, un poco con sida… Los IKV tocando a dos baterías (en una Samalea, en otra Nico Cota), recuerdo un tema que no grabaron en ningún disco, decía joggines baratos en medio de un rappeo, me dicen ahora que se llama Onko.
el sarcófago… el balcón…
Con el Carlu vivimos a la misma altura, bastante por encima de la mayoría de las personas. 5to A y 5to B. Así, hermanos de altura, desde pequeños. A veces cercanos, otras veces distanciados. La hermandad de altura no tiene recetas, ni formas, como el viento que soplaba en nuestros balcones. En nuestra adolescencia media, el metal llegó como vendaval. Cassettes grabados empezaron a multiplicarse, Metallica, Sepultura, Ratos de Porao, Pantera, Testament, Exodus, Slayer y también V8 y Gatos Sucios, eran los de él. Por mi parte, Megadeth, Anthrax, Hermética (el homónimo primer disco, el Intérpretes y el Ácido Argentino, comprados originales), Attaque 77, algo de Iron Maiden también (Powerslave, No prayers for the dying, Fear of the dark). Y llenar las paredes de nuestros dormitorios con pósters de la Metal Hammer, la Madhouse, para el horror resignado de nuestras madres.
Carlu tenía un combinado, es decir un mueble bastante grande que contenía un tocadiscos y parlantes, y servía como amplificador, lo llamábamos El Sarcófago. Al Carlu le gustaba mucho azotarlo con su guitarra eléctrica. Cuando mis padres se iban de viaje, cruzábamos el Sarcófago hasta mi balcón y allí tocábamos lo poco que sabíamos tocar, Sube a mi voiture de Pappo, por ejemplo.
Casa Cheke… Doors, Sumo… La casa del Cheke tenía un living con piso de pinotea, lo que proporcionaba una buena acústica. El ventanal abierto hacia calle 9 de julio, la luz del alumbrado público iluminando la penumbra. La compactera quíntuple del equipo de música era cargada con la discografía en cd de los Doors o de Sumo y el trance duraba horas, con tragos de 8 Hermanos, whisky o simplemente botellas y botellas de cerveza. Riders on the storm montando la mula plateada.
Cebú. Fue un trío power que llegó a dar unos pocos conciertos en la ciudad. Formado por Nacho Torres en guitarra, Angel Giolitti en bajo y Topo Perren en batería, lograban una química explosiva de grunge con aires jazzeados (desde el bajo) increíble e inigualable, eran tres monstruos colisionando, no estaba destinada a durar, pero los que llegamos a escucharlos hemos sido privilegiados. La banda era básicamente instrumental, Nacho y Angel llegaban a cantar algo pero muy poco. Yo asistí a un ensayo en la sala que tenían en la casa donde convivían los tres, en una esquina de barrio Candioti, habiendo sido invitado por Nacho a probarme como cantante. Llevé unos papeles con retazos de letras garabateadas para probar sobre algunos temas, pero no prosperó. Creo que era una banda de impronta instrumental, destinada a arder más temprano que tarde. Gran banda Cebú.
Chemical Brothers. Buenos Aires, mayo 1999. Fuimos desde Santa Fe en colectivo, con Hernán Agnese, hermano del Guille, le gustaba mucho Oasis. En el viaje hablamos poco, ambos introspectivos. El show fue muy intenso, musical y visualmente. Las visuales eran droga pura, la música era droga pura, se inyectaba a borbotones en la mente, ojo, oído y vaya que a cada poro le llovía una cascada. Recuerdo poco, droga pura.
Aventuras con Nacho Torres.
A Nacho lo ví tocar por primera vez en una peña en la escuela nacional Simón de Iriondo, con su banda de heavy metal llamada Omega. Yo conocía al cantante, el Juanma Villano, que había ido a la escuela primaria conmigo. Recuerdo que ya en la primaria, Juanma dibujaba motivos de Iron Maiden en su carpeta o cartuchera, la tipografía típica de los Maiden, la palabra Killers, o bosquejos del rostro de Eddie, el terrorífico personaje de la banda. Omega exhortaba a luchar por el metal en sus canciones, mientras Nacho ya sobresalía, por su actitud y talento con la guitarra.
Nacho pasó por muchas bandas (Cebú, La banda no tiene nombre, Samsara, son las que recuerdo) hasta llegar a The Brick, un tributo a Pink Floyd, donde intentaba mejorar o intensificar los solos de Gilmour. Allí conoció a Gastón Iugman, con quien formaron la banda Orgánica, junto a Dieguito Harcore y Jesús Fanta primero y luego el Theo Cuevas, con influencias Prodigy, Nine Inch Nails, Marilyn Manson, el Earthlings de Bowie. El hit de la banda: hombre hormiga, mundo hormiguero.
Luego Nacho tocó con los rosarinos ex Shocklenders, la banda se llamó Mambo, también Hotel Satán, tocaban una buena versión de Here comes the rain again, de Eurythmics. El baterista de esa banda era Francisco Pesado Castro, quien nos grabó el Visite de Celestito y también fue baterista de Limpiaisla.
Nacho paraba mucho en casa, una vez nos pasó a buscar su inseparable amigo Mandy (somos los gemelos tóxicos, decía Nacho, a lo Tyler y Perry), con su auto y un ladrillo de marihuana prensada en la riñonera, vamos a la playa, dijeron, fuimos con Ivana, los cuatro en el autito, creo que era un 147. Paramos en Piedras Blancas y bajamos, entramos al balneario con Nacho tocando los acordes de Heroin de Sumo con una criolla mientras caminábamos a su lado, el Mandy coreando a los gritos Heeeeroeinnnn, toda la gente dándose vuelta para presenciar nuestro ingreso, Nacho sonreía, le encantaba ser la estrella que más brillaba, era genuino en eso, una estrella que no carecía de humildad. Nos sentamos en la arena, luego Nacho y Mandy se fueron a hacer no se qué. Eran naturalmente inquietos, a diferencia de Ivana y yo que eramos más contemplativos, y así pasaron dos, tres horas y los gemelos no volvían. El auto permanecía estacionado en el mismo lugar. Con Ivana decidimos volver caminando a casa, atravesando el puente colgante y luego el boulevard. Un par de días después, reencontrándonos con Nacho nos enteramos que un policía los había requisado y encontrado el ladrillo.
Tuvimos un currito de verano que se llamó Classic Destroy (tirando nombres para el proyecto, yo le quería poner Ladrón The Bass, pero la opción Classic Destroy le encantó a Nacho, Ivana nos diseñó una tarjeta con dibujos de ella), tocábamos en playas y donde nos invitaran. Yo pinchaba cds y Nacho zapaba sobre los temas con guitarra eléctrica y pedalera. Apogeo de la música electrónica, allí sonaban Underworld, Dj Shadow, Chemical Brothers, The Crystal Method. El disco predilecto de Nacho para zapar sobre él, era Risotto, de Fluke.
Finalmente Nacho decidió irse a Europa. En los últimos días previos a su viaje, despidiéndose, él cantaba todo el tiempo la canción de los Ratones Paranoicos y Calamaro: quisiera que esto dure para siempre, casi tanto como una eternidad...
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