La Ventosa
La Ventosa fue una banda fugaz, pero memorable por el único concierto que ofreció en un increíble sótano abovedado de que había en la casa donde vivía Mariano Pagés, en la esquina de 4 de Enero y Juan de Garay. Año 1995. Los integrantes fueron Analía Giordanino en voz, Martín Margüello en guitarra, Fecu Van Lacke en batería y yo en bajo. Tocamos canciones/letras de Analía (Alas, Lluvia china, Pobre nena, Ámbar), algunas ideas mías (Ella y la voz, Todo espejo), una canción de Martín que se llamaba Oro y una versión de Credulidad de Pescado Rabioso, influenciada por la versión ceratiana de Bajan. Como influencias principales podría nombrar el Dynamo de Soda, el Amor Amarillo, el Experimental Jet Set de Sonic Youth, The Cure y Cranberries (más que nada por el encare vocal de Analía). Yo andaba por esos días con una remera azul con unos pececitos extraídos del arte de tapa de un disco de Eddie Brickell, pintados por la Fer Perfetti.
Cuando fuimos a ver el sótano por primera vez, quedamos boquiabiertos. Era como entrar a un lugar dos siglos anterior, algo jesuítico o algo así. Una locura, viaje en el tiempo. Para el concierto, Ivana y Lucrecia prepararon unas diapositivas psicodélicas con aceite, agua y colorante que se proyectaban en el fondo del sótano, sobre esas paredes antiguas, atravesando los cuerpos de los músicos. Y como había colorante dando vueltas, se compraron damajuanas de vino blanco y se tiñó de azul su contenido, para convidar al público. Esa madrugada nació un pequeño mito: en la vereda, después del show, quedó impreso un vómito azul de César Andino, cantante de Cabezones, que había asistido al concierto, y se iba balbuceando: qué me dieron de tomar.

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